Tánger en dos días

Si estás buscando un destino cercano pero distinto, en el que poder desconectar de todo por un par de días – de forma literal porque no hay roaming-,  la ciudad marroquí es el lugar ideal. Aprovecha para perderte en los recovecos de su zoco o, simplemente, para pasear por su paseo marítimo con vistas al estrecho.

¿Has tenido la sensación alguna vez de que el tiempo pasa de distinta forma quedándote en casa a, por ejemplo, cuando viajas? Y no me refiero a más o menos rápido, sino a la sensación de desconexión que te produce el salir de tu entorno, aunque sea solo para dos días. Pues últimamente estoy experimentado y cogiéndole gustillo a las escapadas exprés. Y no es que las prefiera a un viaje de una semana, sino que estas también ofrece otros muchos beneficios, como la reset total en un corto periodo de tiempo. Como por ejemplo, en esta ocasión.

Cogimos el vuelo de Ryanair de las doce y media de la mañana. Ya solo con no tener que pegarte el madrugón del siglo para coger un vuelo de esta compañía, el viaje merece la pena. Y el precio también, claro. Porque Tánger es de esos destinos que suelen ser lo más baratos de la aerolínea. 

Además, el vuelo dura apenas una hora. Y, cuando te quieres dar cuenta, te encuentras en otro continente – recordad, pasaporte a mano-. Las vistas que te ofrece el avión del Estrecho son solo comparables a la posibilidad de observar la costa española desde la otra punta y pensar cómo es posible que cambie todo tanto en apenas 30 kilómetros que separan Tánger de Tarifa, la ciudad española más cercana al otro lado del agua.

Cuando llegas al aeropuerto, la única forma que tienes de ir al centro de la ciudad es en taxi (a no ser que hayas concertado con el hotel el transporte). En Tánger, y en Marruecos en general, no existen los taximetros, así que te aconsejo que, antes de montarte, pactes con el conductor el precio del trayecto. Desde el aeropuerto, tienen estipulado un importe de entre 100-150 dirhams, (10/15€). Eso sí, prepárate para vivir una auténtica aventura. ¿Jugaste alguna vez a Crazy Driver Taxi, ese videojuego en el que tenías que hacer el trayecto en el menor tiempo posible? Pues allí funciona igual. Solo que lo vives en directo y sin cinturones. 

En Marruecos, hay dos opciones de alojamiento: un hotel al uso o un rihad, que es una especie de casa típica de allí que adaptan para hospedar a gente. Y, por supuesto, te aconsejo esta segunda opción. Nosotros nos decantamos por el Rihad Dar Sami que reservamos a través de Booking. El precio de la noche fue de 40€ y, aparte, pagamos cuatro euros más por desayuno/persona (algo que os recomiendo encarecidamente). La habitación era preciosa, tenía una terraza propia y un wifi que funcionaba (algo que allí ya es mucho). Además, el Rihad tenía una terraza en la parte superior con vistas preciosas a toda la ciudad y donde te servían el desayuno. Su dueña, una mujer francesa que es profesora en un instituto de allí, fue encantadora y nos recomendó bastantes sitios a los que ir. 

El Rihad estaba en la puerta de la Kasbah, es decir, en una de las entradas a la medina (la parte vieja), por lo que la ubicación era ideal si lo que quieres es disfrutar del Tánger más auténtico. Eso sí, si lo que prefieres es disfrutar de su lado más «mediterráneo» o «europeo», te recomiendo que busques hotel en la parte nueva, justo en el paseo marítimo. Esa zona también es preciosa y mucho más tranquila que la medina. 

Puerta de la Kasbah.

Si nunca has estado en Marruecos, Tánger es una buena forma de iniciarte en su cultura. Debes saber que, por ser extranjero, un montón de hombres y niños se acercarán a ti preguntándote dónde vas y si necesitas algo, sin otro objetivo que pedirte unos cuantos dirhams cuando llegues a tu destino. Lo mejor que puedes hacer es decir que no de forma educada y seguir tu camino. Del mismo modo ocurre en el zoco. A pesar de que es mucho más modesto que el de Marrakech, cuando pasees por él no pararán de pedirte que entres en sus tiendas, que compres… Al principio, puede resultar un poco agobiante, pero después te vas acostumbrando. Aún así, en Tánger, esta sensación de agobio no es tan evidente como puede ser en Marrakech. 

Paseo Marítimo de Tánger.

Si hay una palabra que define Marruecos en general es REGATEAR. Absolutamente todo. Entre tantas tiendas, y más sí te gusta comprar tanto como a mí, debes cambiar el chip y saber que los precios absolutamente de todo se puede rebajar. Y que, por supuesto, por mucho que negocies el precio, ellos siempre saldrán ganando, aunque a ti te parezca que acabas de hacer el negocio del siglo ;-P.

Yo allí aproveché para comprarme varias cosas que sé que aquí o son más caras o que, sencillamente, son típicas de allí. Por ejemplo, el aceite de argán. En el zoco, podrás encontrar varios tipos de tiendas: las típicas que son tipo bazar, en las que podrás comprar desde bolsos de cuero hasta teteras; otras que las que podrás comprar réplicas de ropa de marca y, por último, los famoso herbolarios, pequeñas tiendas plagadas de especias, jabones, tés y cosméticos. El aceite de argán es algo que en Marruecos abunda, pero ándate con ojo, sobre todo con el tema del precio. Para que te hagas una idea, yo me compré dos botellas de 100ml por 40 dirhams cada una (aprox 4€). Había en sitios que lo tenías por el doble. Un buen consejo es primero observar, comparar precios y quedarte con la copla de dónde estaba el mejor precio y después regatear. Aunque también te advierto de que ser capaz de encontrar la misma tienda con tantas callejuelas es casi imposible. 

Otra cosa que me traje de allí, a parte de té moruno y couscous, fueron un par de fundas de cojines y un bolso. En este caso, pagamos por las tres cosas cerca de 600 dirhams (unos 60€). De inicio, nos pedían el doble y lo conseguimos dejar en la mitad. Y, aún así, sabemos que pagamos mucho más de lo que allí vale. Pero con la labia típica que tienen, de que todo es hecho a mano, con bordados, abalorios… (y que son muy pesados), al final acabas cediendo. Además, nos invitaron a un té moruno durante el «regateo», como símbolo de hospitalidad islámica, algo habitual mientras entras en sus tiendas. 

Precisamente, de esta hospitalidad os quería hablar a continuación. Es importante que viajéis a Marruecos con la mente abierta. Sed conscientes de que es una cultura totalmente distinta a la nuestra y no solamente hablo de la religión, aunque es evidente que para ellos juega un papel fundamental. Pero, aunque son un poco pesados, suelen ser bastante hospitalarios y amables. Eso sí, a diferencia de otros países, en Marruecos no se permite la visita a las Mezquitas. 

Patio del museo de la Kasbah. Vestido Zara y sombrero de Primark.

En cuanto a lo que es la ciudad en sí, os recomiendo encarecidamente, a parte de pasear por la medina, el museo de la Kasbah, instalado en el antiguo Palacio del Gobernador. Allí, podrás visitar las estancias típicas y disfrutar de sus jardines y, sobre todo, de un patio precioso típico de la arquitectura árabe. Justo al lado de este museo, se encuentra el hotel Nord Pinus, desde cuya terraza podrás, mientras observas el Estrecho, tomarte un té… o una cerveza. Porque el tema del alcohol es otra cosa a tener en cuenta. En los restaurantes de a pie de calle no hay alcohol, ni tampoco en los supermercados. Solo lo podrás encontrar en aquellos sitios destinados a los turistas, como por ejemplo los bares de hoteles, y a un precio de oro (en este caso, una cerveza costaba cerca de cinco euros).

 
«Tortilla de patatas»

Para comer, nosotros nos guiamos por las recomendaciones de Tripadvisor. Visitamos dos sitios: Restaurant Ahlen, donde tomamos unos calamares riquísimos y un Tajín de pollo con verduras; y Ch’Hiwat L’Couple,  donde probamos un couscous de ternera delicioso y una versión marroquí de la tortilla de patata (reconozco que me quedo con la nuestra). En cuanto a la zona nueva, lo mejor que puedes hacer para conocerla es pasear por su paseo marítimo. De hecho, hay una zona llamada Marina Bay , justo en el puerto, con varios bares donde tomar un crep de manzana para merendar, o una pizza para cenar con vistas al mar. Eso sí, a precio europeo. 

Otra de las cosas a tener en cuenta es el cambio de moneda. Podrías viajar perfectamente a Tánger con euros, ya que todo el mundo te los acepta (de hecho, nosotros pagamos el trayecto en taxi desde el aeropuerto en euros). Pero no te lo aconsejo, porque al final estarás pagando de más. Eso sí, ni se te ocurra cambiar dinero en el aeropuerto. Lo mejor es que vayas a alguna casa de cambio que encontrarás por la medina. El cambio es mucho mejor que en cualquier otro sitio.

Para movernos por la ciudad, siempre utilizábamos taxis, ya que el transporte público es prácticamente inexistente. Negociando previamente el precio, cada trayecto no nos salía a más de 30 dirhams (unos 3€). Y al final, acabamos pillándole el gustillo a eso de jugarnos la vida en cada viaje. De hecho, puedes aprovechar y cerrar algún precio para que un taxista os lleve a Cabo Espartel, la esquinita más al oeste donde ya empieza la bajada de Marruecos, o a Asilah, un pequeño pueblo pesquero precioso que, solo con ver fotos en Google, te entrará ganas locas de visitar. 

Tánger no es una ciudad tan espectacular como lo es Marrakech (lugar que, por cierto, si no has visitado, te recomiendo encarecidamente que lo hagas). Sin embargo, su influencia mediterránea y su cercanía a España hacen que se convierta en una mezcla interesante y muy atractiva para visitar durante un par de días y olvidarse de todo. Tánger es olor a mar, a viento del Estrecho, pero también a especias y a ese bullicio interminable a cualquier hora del día que te encandilará o que, al menos, te hará que desconectes durante el tiempo que estés allí. Aunque solo sea por la falta de roaming… 😉

Mirador con vistas a Tarifa.

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